LA ORACION DE UN VERDADERO INTERCESOR
DANIEL 9:20-23
Predicado por: Hna. Cory
Fecha: 04 de Julio de 2020
INTRODUCCION
Daniel fue un varón muy usado por
Dios en la época del cautiverio; vemos en él a un hombre dispuesto a siempre
glorificar el nombre de Jehová, fue dotado de gracia, sabiduría y bendición
espiritual de lo alto.
Fue reconocido por Nabucodonosor, rey
de Babilonia, como un hombre muy sabio y fue por esto que le brindo un lugar
dentro de su corte. En un punto de su reinado, tuvo un sueño el cual era una
revelación de las cosas que estaban por venir, sin embargo, no pudo entenderlo
hasta que Daniel, lo interpreto por dirección divina.
Daniel gozaba de ciertas libertades y
privilegios dentro de los reinos, esto ya que su función secular principal era
política; pero mayormente esa bendición venia de la gracia que Dios había
depositado en él.
El capítulo 9, comienza hablándonos
del reino que dominaba a Jerusalén en esos momentos, el cual era el de los
medos, dirigidos por Darío, el cual había conquistado a los babilonios y por
ende a los cautivos judíos que estaban dentro de esas tierras. Debido a la
gracia de la cual Daniel gozaba, este llego a ser de gran estima para este
líder. El cual le brindo acceso a los libros judíos, donde estaban escritas las
profecías que fueron dichas antes de él y en sus tiempos por otros profetas,
como podría ser el caso de Jeremías.
La oración de Daniel descrita en este
capítulo, vino de escudriñar esa palabra escrita, donde conoció mas de Dios y
de sus promesas tocantes a su pueblo. Esto debería motivarnos a buscar mas
de Dios en Su palabra, escudriñar esas escrituras y alimentar la oración. Dios
nos llama a una labor, no a un descanso.
v.3 Y volví mi
rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y
ceniza.
Daniel vio la necesidad de clamar a
Dios por esas promesas, por esas palabras que había leído y por el pueblo. Es
por esto que se volvió un intercesor comprometido con la causa de Dios.
Veamos que un intercesor se prepara
en oración, ayuno, rogativas y quebrantamiento o duelo por las circunstancias
(cilicio y ceniza); era necesario que él sintiera en su propia carne el peso de
Dios y del pueblo por el que oraba.
Un intercesor es alguien con determinación,
ya que tiene una meta en su mente y no cesara hasta que esa meta se cumpla. Esa
determinación también le indica a su corazón que la causa por la que ora es
justa y noble ante los ojos de Dios; por tanto, Él respondería. Debemos orar
bajo una determinación profunda y firme de que Dios no es sordo, y si la causa
nuestra es misma de Él, Él sabrá responder.
Daniel estaba firme en que haría todo
lo que pudiera para que su oración fuera oída y respondida. La oración que él
eleva a Dios esta tan cargada de honestidad, ruego, suplica, necesidad y pasión
por su Dios. Por tanto, que podemos aprender de esa oración:
I.
EL RECONOCIMIENTO DE
LA MAGNIFICENCIA DE DIOS Y LA CONFESION DEL PECADO DEL PUEBLO v.14-15
Daniel comienza su oración
engrandeciendo a Dios y su misericordia de una manera tan apasionada que
conmueve, lo que nos deja ver que su oración estaría totalmente enfocada en
Dios. No habría distracciones.
Las oraciones de un verdadero
intercesor giran siempre en torno a Dios, Su gloria, Su poder y demás
atributos. Por tanto, hay un reconocimiento de la dependencia que como creación
tenemos del Creador.
Daniel confianza el pecado del
pueblo, que siempre ha sido la falta de obediencia a los mandamientos y
ordenanzas de Dios. Las palabras “hemos pecado, hemos cometido iniquidad,
hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus
mandamientos y de tus ordenanzas.” (v.5) “no hemos obedecido” (v.6a).
La confesión de los pecados, siempre
traerá sanidad y libertad a quien lo hace. A pesar de que no eran los pecados
de Daniel los que se estaban confesando por sus labios, él los tomo como
propios para poder así agenciar al pueblo el perdón y redención que necesitaban
de parte de Dios.
Salmos 24:3-5 ¿Quién subirá al monte de Jehová?
¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; El que
no ha elevado su alma a cosas vanas, Ni jurado con engaño. Él recibirá
bendición de Jehová, Y justicia del Dios de salvación.
La confesión genuina y apropiada
generara confianza e intimidad con Dios. La limpieza de nuestro interior viene
del poder y gracia de Dios para quienes lo necesitan.
Daniel, en medio de sus palabras hace
un contraste entre:
· El pecado y rebeldía del pueblo y la
fiel aplicación de la justicia divina (v.6-8)
· La desobediencia del pueblo a la ley
divina y la misericordia y perdón de Dios (v.9-11)
Este contraste sigue existiendo hoy
en día, ya que hay una brecha ancha entre la maldad del hombre y la santidad de
Dios. Pero la obediencia a Él y la confesión de pecados, brindan un acercamiento
a Dios, el cual debería ser un aliciente para todos los que confiamos en Él.
Veamos que Daniel hizo memoria de la
ley de Moisés e identifica que aun en medio de los problemas, hay quienes no
buscan el favor y ayuda de Dios. v.13 “Conforme está escrito en la
ley de Moisés, todo este mal vino sobre nosotros; y no hemos implorado el favor
de Jehová nuestro Dios, para convertirnos de nuestras maldades y entender tu
verdad.”
Los verdaderos intercesores muchas
veces lidian con este tipo de problemas, ya que oran e interceden por quienes no
saben reconocer sus fallas delante de Dios y por ende no mueven ni un dedo en
favor de ellos mismos. La pregunta ¿Es justo? probamente no lo sea; pero amor a
Dios el intercesor lo hace con todo su corazón.
Debemos ver que también hacen memoria
de las hazañas poderosas de Dios, ya que son una fuente de agua que alimenta la
fe y refresca el alma ya que dan fortaleza y esperanza.
En el Antiguo Testamento, el estándar
de los profetas y del pueblo era cuando Jehová los había librado de Egipto. Ahora
en el Nuevo Testamento, el estándar del creyente es la obra de Jesús en la cruz
y el poder de Su resurrección
Efesios 1:19-20 Y cuál la supereminente grandeza
de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de
su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a
su diestra en los lugares celestiales.
Esta es la fuerza de nuestra fe: El
poder de Dios que actúa en Padre, Hijo y Espíritu Santo.
II.
EL RUEGO POR EL PERDON
Y LA RESTAURACION v. 16-19
Con la misma intensidad con que
Daniel comienza su oración, así también la prosigue, llegando a un punto muy
decisivo, que proviene de lo mas profundo de su corazón y es EL PERDON Y
RESTAURACION que no solo él como judío necesitaba, sino mas bien todo el
pueblo de Dios.
Daniel había hecho suyo el pecado del
pueblo, sabedor que
fueron sus antepasados los culpables directos, no le importo cargar sobre sus
hombros el peso de ese pecado, y pedir perdón en nombre suyo y en nombre del
pueblo. Vemos un claro ejemplo de humildad ante Dios, así como el ferviente
deseo de ser restaurados. Él se constituyó como un vocero del pueblo, aunque
el pueblo no lo supiera.
v.16 Oh Señor,
conforme a todos tus actos de justicia, apártese ahora tu ira y tu furor de
sobre tu ciudad Jerusalén, tu santo monte; porque a causa de nuestros pecados,
y por la maldad de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son el oprobio de
todos en derredor nuestro.
Daniel le recuerda a Dios que así como
había sido justo con el castigo al pueblo, así también haga honor a esa misma
justicia y procure restaurar al remanente que había quedado del pueblo. Le confiesa
las faltas cometidas y le suplica que Su ira se aparte de ellos para que puedan
ver su justicia, ahora en favor de ellos.
v.17 Ahora pues,
Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos; y haz que tu rostro
resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor.
Su suplica se amplía, al pedir a Dios
que Su divino rostro, les resplandezca a favor de ellos, específicamente en el
santuario que había sido asolado. Aquí podemos ver que Daniel está llevando su oración
a la petición de una restauración del templo. No sabemos si es porque él
deseaba llevar a cabo esa obra o porque veía que una vez el pueblo fuera
restaurado y libre, ellos podrían tener el deseo de ver reconstruida la casa de
Jehová. Lo bien que podemos ver es que el anhelo de que la presencia de Dios
estuviera en medio de ellos era muy grande.
Que el rostro resplandezca, también significa
que ellos cuenten con su favor, cobertura y gracia. Daniel reconocía que el
pueblo tenía una gran necesidad de Dios, aunque ellos no lo vieran y ya sus
vidas estuvieran de cierta forma acostumbrada o adecuada al cautiverio y gobierno
de imperios paganos.
Muchas veces esto suele suceder, la
persona se acostumbra a su cautiverio, de adecua a su forma de vivir. Es como
un ave que esta dentro de una jaula de oro, que por muy bonita y reluciente que
esta sea, no deja de ser una jaula y el ave no se da cuenta de la libertad que necesita
para que sus alas se expandan.
Desear que su rostro resplandezca, también
es sinónimo de una disposición de parte del pueblo a que harán todo lo
contrario a sus padres, en cuanto a que ellos si obedecerán a la voz de Dios y
a Sus mandatos.
v.18-19 Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y
mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre;
porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias,
sino en tus muchas misericordias. Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído,
Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es
invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.
Su suplica es ferviente, él insiste
en que Dios se haga propicio a su clamor, y vea más allá de las actitudes del
pueblo, que vea lo profundo de los corazones necesitados y desolados; que Su
misericordia se haga favorable para con el pueblo que representa Su nombre. Vuele
a pedir perdón, como si una vez no fuera suficiente, la preocupación de su corazón
a recibir ese perdón es muy grande, el no cesaría hasta sentir dentro de sí que
Dios había atendido a su ruego.
Daniel revela con esto, que el anhelo
de su corazón también era que Dios fuera glorificado y Su nombre fuera
reconocido como grande.
Este debería de ser nuestro mayor deseo,
que Dios sea visto en todo lo que hagamos y digamos. Nuestras oraciones deben
ir en favor de la gloria del nombre de Dios.
III.
LA RSPUESTA A LA
ORACION v.20-23
Llegamos al tan anhelado deseo de
Daniel, y es la respuesta que Dios envía a él, como muestra de que su oración fue
de agrado a Él. Lo interesante es la forma en que esta respuesta llego; ya que
Daniel ni había terminado de orar, él seguía en su ruego, en su suplica incesante;
cuando la respuesta literalmente descendió del cielo.
v.20-21 Aún estaba
hablando y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y
derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios; aún
estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la
visión al principio, volando con presteza, vino a mí como a la hora del
sacrificio de la tarde.
Un ángel descendió del cielo,
ciertamente el acto de Daniel había rendido sus frutos. Esto nos invita a
seguir orando, hasta que esas oraciones brinden sus frutos; con Dios nada es en
vano, pero no debemos dejar de lado que la sinceridad de corazón y la humildad pesan
mucho delante de Dios.
Pocos fueron los que en la Biblia pudieron
ver ángeles, o recibir mensajes en boca de ellos, Jacob, la burra de Balaan y
en esta oportunidad Daniel, de hecho fue este profeta, quien tuvo la bendición de
recibir la visita no solo del ángel Gabriel, este ocasión, sino también recibió
la ayuda del arcángel Miguel cuando estaba sosteniendo una lucha contra el
propio enemigo.
Ahora bien, centrándonos en la visita
de Gabriel, veamos el detalle de la ora en que él llego, dice el pasaje que
llego a la “hora del sacrificio de la tarde”, por tanto, veamos que Daniel
llevaba horas orando, rogando y hablando con Dios, la determinación de este
hombre de no levantarse de su clamor hasta que Dios le respondiera era muy grande.
Tanto así que ya eran las 3:00 de la tarde aproximadamente, cuando Gabriel aparece.
Daniel dice que lo vio volando con presteza, ósea agilidad, rapidez,
diligencia, etc.
Hay un detalle que debemos notar y es
que Daniel ya lo había visto en visión al principio de oración, que él apareciera
en vivo, le daba la confianza al profeta de que Dios había recibido su oración desde
mucho antes de esa hora.
Mateo 6:8 No os hagáis, pues, semejantes a
ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que
vosotros le pidáis.
Veamos que, así como Daniel tenía la determinación
de orar hasta recibir una respuesta, Dios había determinado una respuesta desde
el momento que él comenzó a orar. Que gran Dios es el que tenemos de nuestro
lado.
CONCLUSION
v.22-23 Y me hizo
entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte
sabiduría y entendimiento. Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo
he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden,
y entiende la visión.
Estos versículos son muy lindos en si
mismos, ya que dejan ver el sublime amor y misericordia de Dios; quien le envío
por medio del ángel sabiduría y entendimiento para lo que estaba apunto de
recibir. El mensajero le expresa que, tras sus ruegos, la orden fue dada de
llevar a él tremenda bendición y revelación.
Pero hay una frase que muy seguramente
dejo sin palabras y aliento a Daniel, Dios le mando a decir en boca de ese ángel
que él “era muy amado”. Sin lugar a dudas esa frase deja helado a
cualquiera, ya que no es lo mismo leer en las escrituras acerca del gran amor
de Dios para con sus hijos, a que Él envíe un ángel de manera sobrenatural a decírtelo
personalmente.
Veamos que la relación entre Daniel y
Dios era muy íntima, ellos eran amigos muy queridos mutuamente.
Juan 15:15 Ya no os llamaré siervos, porque
el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas
las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.
Ese tipo de relación es la que debemos
fomentar con Dios, algo tan profundo que nos permita conocer sus planes y
deseos no solo para cada uno de nosotros, sino para con el pueblo.
Isaías 65:24 (promesa para Guerreros) Y antes que clamen, responderé
yo; mientras aún hablan, yo habré oído.
No son las palabras las que procuran
el mover de Dios a nuestro favor; sino mas bien es Su Amor; Su Naturaleza
de grande bondad; lo que procurara la respuesta a nuestras oraciones.

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