Limpiemos la casa

 


LIMPIEMOS LA CASA

2a Corintios 7:1

 

Predicado: 25 de Septiembre de 2020

Hermana: Eloísa de Ayala

 

En esta ocasión hablaremos sobre la limpieza de la casa de Dios, usted pensara en el templo donde se congrega; pero no hermanos; esta casa somos nosotros, nuestra vida.

Ø  1a Corintios 3:16

“¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?”

Ø  1ª Cor. 6:19 (NVI)

¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está con ustedes                y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños.

 

Si nuestro cuerpo es el templo de Dios, es nuestra obligación CUIDARLO, ya este o sea nuestro cuerpo y alma fue comprado, a precio de sangre, por nuestro Señor Jesucristo.

 

El Señor nos invita a que limpiemos nuestra casa, quitando todo aquello que no me ha permitido avanzar, todo lo que ha sido de tropiezo, todo lo que no ha permitido ver las bendiciones de Dios en nuestras vidas.

 

¿Qué debo de hacer para limpiar la casa de Dios, o sea nuestra vida?

·         Es necesario sacar la basura. (2ª Cron. 29:16)

 

Muchas veces hemos permitido que la influencia del mundo, de amigos y en ocasiones hnos. llenemos nuestro templo de basura.

Hnos. si no sacamos la basura, por ejemplo: de nuestras casas, esta produce mal olor, y este olor es desagradable, ya que se pudriendo. La basura acá está representando en nosotros: los resentimientos, el odio, la envidia, la lujuria, las faltas de perdón, y todo aquello que nos daña, nos estropea el alma, y es en ese momento que no somos olor grato para Dios. En este versículo nos deja ver que debemos de sacar esa basura de notros ya que no nos ayuda en nada.

 

Ø  Debemos limpiarnos, con agua limpia, que solo nuestro Señor nos da.

“Esparciré sobre vosotros agua limpia,

y seréis limpiados de todas vuestras

inmundicias, de todos vuestros ídolos

os limpiare.” Ez. 36:25

 

Ø  Deshacernos de lo que no sirve.

Muchas veces en lo terrenal, no nos queremos deshacer de cosas u objetos (aparatos eléctricos, muebles, ropa, etc.), guardamos lo que ya no sirve.

 

Luego entonces, veamos dentro de nosotros eso que ya no sirve, que son cosas que no nos edifican; tales como:

 

Ø  La Soberbia. (Sgto. 4:6)

 Pero Él da mayor gracia. Por esto

dice: Dios resiste a los Soberbios,

y da gracia a los humildes.

 

Ø  La Pereza. (Prov. 21: 25)

El deseo del perezoso le mata,

porque sus manos no quieren trabajar.

 

Ø  La autosuficiencia. (Jn. 21:5)

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos,

el que permanece en mí, y yo en él,

este lleva mucho fruto; porque

separados de mi nada podéis hacer.

 

     Todo esto en nuestra vida en nada nos ayuda, al contrario nos daña y en ocasiones hemos dañado a familiares, amigos, hnos. en Cristo, etc.

 

Ø  Deshacernos de lo que nos estorba. Gal. 5:7

“Vosotros corríais bien. ¿Quién os estorbo ara no obedecer a la verdad?”

 

Entre algunos estorbos están:

·         Los vicios

·         Las malas amistades

·         Las relaciones prohibidas

 

Gal. 5:16

Así les digo: vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa.

 

1ª Juan 2:16

Porque nada de lo que hay en el mundo los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida proviene del Padre, sino del mundo.

 

Hnos., aun en las iglesias hay todavía personas que no han podido dejar todo ello.

 

Ø  Deshacernos de lo que se ve y es feo.

 

·         Nuestro vocabulario. Ef. 4:29

Ninguna palabra corrompida salga de vuestras bocas, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracias a los oyentes.

 

·         Lugares a donde vamos. 1ª Jn. 1:6

Si decimos comunión con Él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad.

 

Debemos ser ejemplo para los demás.

 

Ø  Deshacernos de la idolatría. Ex. 20:23

 

No hagáis conmigo dioses de plata, ni dioses de oro os haréis.

 

Ezequiel 37:23

Ni se contaminarán ya más con sus ídolos, con sus abominaciones y con todas sus rebeliones; y los salvaré de todas sus rebeliones con las cuales pecaron, y los limpiaré; y me serán por pueblo, y yo a ellos por Dios.

 

 

        Hnos.,  todavía más de alguien quizá tenga ídolos, no necesariamente .imágenes, muchas veces se hacen y no nos damos cuenta,  penetra sutilmente, ejemplo: tv, películas, música, etc., hnos., eso no es malo, pero si esto quita la atención de las cosas de Dios, entonces sí podría ser que estemos cayendo en ello.

 

También algunas veces podemos colocar a nuestros hijos como ídolos, los colocamos en un pedestal.

 

Si nos llamamos hijos de Dios, debemos de hacer una buena limpieza en nuestra casa.

Esa limpieza viene por medio de la fuente de perfección y pureza, que es la sangre de Cristo.  Sal. 51:10

 

1ª Jn. 1:9

Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad. 

 

El Señor en su perfecto amor y misericordia nos va limpiando.

 

En Mt. 21:13 nos dice: Escrito está - les dijo - : Mi casa será llamada casa de oración “, pero ustedes la están convirtiendo en cueva de ladrones.

 

Este versículo hnos., nos permite reflexionar, ya que en ocasiones nosotros acogemos o guardamos cosas que más bien debemos de sacar, tal como lo hizo Jesús. Somos templo de Dios, somos la casa del Señor, somos templo del Espíritu Santo, y por eso, Cristo nos dice que seamos casa de oración, casa de adoración. Nos ha sido dado este cuerpo por templo del Dios vivo, no es nuestro, es de Dios, y por eso nos dice el Señor:

 

1ª Cor. 6:20

Porque habéis sido comprados precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en      vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

 

Así es como el Señor Jesús purifico o limpio el templo en aquel entonces. Ya no permitamos que en nuestros corazones haya: rencores, odios, deseos de venganza, pasiones desordenadas, murmuración, mentira, falta de perdón, resentimientos, desobediencia, etc., todo ello debe ser expulsado de nosotros, ya que nos sirve de obstáculo para una buena comunión con Dios.         

 

 2ª Cor. 7:1

Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad, en el temor de Dios.

 

La Palabra de Dios nos limpia y, al mismo tiempo nos alimenta; cuando nos dejamos purificar por las enseñanzas del Señor.

 

Nuestro cuerpo, alma y espíritu le pertenecen a Dios, y debemos ponerlo a su servicio, para honrar al que dio su vida por cada uno de nosotros en la cruz del calvario,

convirtiéndonos así, en siervos de justicia y no esclavos.     

 

Rom.  6:22

Más ahora que habéis sido libertados del pecado. Y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

 

Al obedecer sus normas, le estamos demostrando cuanto le amamos.


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