CUANDO ESTAMOS EN EL GETSEMANI
Mateo 26:36-46
Predicado por: Hna. Cory Martinez
Lugar: Iglesia Cristiana la Cueva de Adulan
Fecha: 28 de noviembre 2022
INTRODUCCION
Nos ubicamos en lo que sucedió luego
de la última cena, donde Jesús junto a sus discípulos se dirigen al monte de
los olivos, a un jardín llamado Getsemaní, que era un huerto que se hallaba en
las faldas del monte, y que era según la misma biblia uno de los lugares que
Jesús frecuentaba para orar.
Este jardín tiene mucho significado para
Jesús, ya que de cierta forma representaba lo que él viviría a finales de su
estadía en la tierra.
· Getsemaní significa “prensa de
olivas”. Y es que se creía que cerca de ese jardín había muchas prensas donde
las olivas extraídas del monte se procesaban para extraer así su aceite.
Así es como el Maestro consideraba
que seria su trato en lo que nosotros conocemos como la pasión de Cristo. Esta
etapa no comenzó cuando Jesús fue cautivo, no, sus padecimientos y sufrimiento
comenzó en ese huerto.
La presión que Jesús sentía sobre si
era muy similar a la que las olivas tenían cuando estaban dentro de las prensas
porque toda su vida, toda su esencia la comenzó a soltar desde esa oración en
ese monte.
Lo que después vemos, los flagelos,
la cruz, la lanza en su costado son la representación física de lo que ya él
había sentido desde que estaba en el huerto hablando con Su Padre.
Nada se compara al dolor y al
sufrimiento de Jesús, nada de lo que nosotros podamos vivir es más que lo que
él vivió en su cuerpo, su alma, su espíritu… sin embargo, él nos dice que
comprende y entiende perfectamente el dolor que podamos estar pasando.
Hay muchas circunstancias a nuestro
alrededor que nos causan dolor, enfermedades, problemas económicos, familiares,
etc. que atormentan nuestra mente y nuestro corazón, y nos hacen sentir
débiles… y claramente sabemos que no es comparable a los clavos, las espinas y
los latigazos que Él vivió, pero Jesús nos dice que a pesar de ello Él
conoce lo que vivimos y así como Él tuvo la fuerza para resistir, Él nos
ayudara a nosotros a resistir las pruebas para que salgamos en victoria.
Seguir el ejemplo de Jesús nos
garantizara la resistencia para salir victoriosos… el problema que muchas veces
tenemos es que en medio de las dificultades dejamos de lado el arma mas
poderosa que como cristianos poseemos y esta es la oración, ya sea que,
porque nos cansamos de orar y no ver la respuesta, o porque el enemigo nos dio
algún alivio para olvidarnos de las pruebas, pero la verdad es que soltamos lo
único que nos puede dar fuerzas y nos llevara a la victoria; lo cual es la
oración.
Jesús se tomó de lo único que le
daría las fuerzas para resistir la dura prueba que se le venía: Él oró.
Siendo 100% Dios y 100% hombre, oró
al Padre, para que este le diera las fuerzas que necesitaba para pasar esa copa
amarga. Y las recibió y como respuesta obtuvo la victoria sobre la muerte,
Satanás y el pecado.
El mundo y Satanás nos pueden ofrecer
muchas salidas cuando estamos en medio de las dificultades, pero esas nos llevaran
a ataduras mas fuertes que procuraran en nosotros una separación absoluta de
Dios. Debemos pedir a Dios el discernimiento para reconocer cuando estas
salidas son simples alivios mas no la victoria verdadera de Dios.
Es necesario comprender que: Todos los
hijos de Dios, en más de una ocasión nos hallaremos al igual que Jesús en un
Getsemaní. Donde seremos oprimidos y donde nuestra fe será probada de tal forma
que de nosotros salga algo bueno. Que brote un fruto.
TODA PRUEBA DEBE DAR SU FRUTO: No
podemos salir igual de una prueba, la sanidad, el milagro, etc., son la
representación de la obra de Dios a testificar. Pero la paciencia, la paz, el
gozo, el amor, etc. son los frutos que deben brotar de nosotros como producto
de la una victoria total.
NO PUEDE BROTAR ACEITE SI ANTES LA
OLIVA NO PASA PAR UNA PRENSA – NO PUEDE HABER UN TESTIMONIO SIN ANTES HABER
LAGRIMAS Y DOLOR – NO HAY VICTORIA SI NO HAY LUCHA Y ESA LUCHA DEBE DEJAR
HUELLAS Y SICATRICEZ.
El Getsemaní fue para Jesús y es para
nosotros un lugar:
I.
DE AGONIA Y
ABNEGACION v.37 y 39
El cambio en nosotros surge en la
abnegación, sin embargo, para llegar a ello es necesario agonizar primero.
Negarnos a nosotros es el fruto de haber entendido que no son mis fuerzas o
capacidades, sino las del Señor.
· La agonía es un periodo de transición
entre la vida y la muerte.
La agonía emocional, espiritual y
mental es como un ahogamiento dentro de una persona, donde los pensamientos,
sentimientos chocan entre sí, impidiéndole a la persona tener claridad.
Y esto es lo que nos sucede cuando
estamos en medio de los problemas, sentimos un ahogamiento, sentimos algo muy
similar a la agonía, porque nos falta claridad para tomar decisiones correctas.
Muchas veces oramos, pero lo hacemos
mal, porque no hay claridad en lo que necesitamos, pedimos lo que queremos mas
no lo que en verdad nuestra alma esta necesitando.
Siempre en medio de las dificultades
deberemos tomar decisiones… Jesús se encontraba en un momento donde debía tomar
una decisión sufrir o no sufrir. Sin embargo, la agonía que el sentía no le
impidió ver con claridad el propósito de su misión en la tierra.
Marcos 14:34 Y les dijo: Mi alma esta muy
triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad.
Siguiendo el ejemplo de Jesús podemos
ver que busco de alguna forma ayuda, ante su agonía, pidió apoyo a sus
discípulos en la oración. Ellos sabían que el tiempo del maestro había llegado
a su punto más alto, por tanto, su apoyo espiritual era importante par él. Pero
el cansancio y la tristeza les vencía y los hacia dormir. La confianza de
Jesús no estuvo en lo que sus discípulos podían hacer por Él, sino mas bien en
lo que personalmente podía hacer en oración con Su Padre.
Lo recomendable cuando sentimos que
no tenemos salida y no tenemos claros los pensamientos, es buscar ayuda de
aquellas personas espirituales que nos pueden dar un consejo y pueden orar por
nosotros y así Dios de alguna palabra. Lo principal ante la angustia de
nuestro corazón es buscar de Dios, así como lo hizo Jesús al buscar de Su Padre
y buscar la ayuda de la oración de sus discípulos.
Ahora bien, donde vemos la abnegación
de Jesús:
v.39 “… Padre mío, si es posible, pase
de mi esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.”
Vemos que Jesús tenia claro su
propósito, pero eso no le quitaba la angustia que sentía dentro de si y el
deseo de que Su Padre le brindara otra opción. Aunque sabía que no podía hacerse
de otra forma.
Había algo a lo que Jesús no quería
enfrentarse y no era precisamente al dolor físico, ya que ese lo sintió en esa
oración. No, lo que él no deseaba era sentir la separación que tendría de Su
Padre en esa cruz.
La abnegación de Jesús la vemos en que a pesar de lo que
sabía que sufriría, Jesús se sometería a la voluntad de Su Padre. “…no sea
como yo quiero, sino como tú.”
Esa sola frase encierra la abnegación
del Maestro, en cuanto a que no se hiciera conforme al deseo de su corazón,
sino como ya el Padre lo había estipulado que debía hacerse. No había otra
forma sino solo a través de la cruz.
¿Cuántos de nosotros nos sometemos a
la voluntad del Padre en medio de las pruebas?, ¿Somos de lo que queremos que
siempre se haga nuestro deseo o voluntad o aceptamos la de Dios?; ¿Somos de
quienes aceptamos las pruebas tal cuales son y oramos por ellas?, ¿o somos de
los que renegamos a cada instante por lo que nos ha tocado sufrir?
La abnegación voluntaria nos llevara
a la victoria y a la transformación personal.
Las pruebas que hoy vivimos debemos
pasarlas con fe, oración, obediencia y amor a Dios. Pero brindando un fruto a
Dios por esa prueba, y esto viene de nuestra abnegación al someternos a la
voluntad de Dios.
II.
LUCHA EN ORACION Y
SOLEDAD v.39, 42-44
¿Cuántas veces nos hemos sentidos
solos en medio de la prueba? y ¿Cuántas veces hemos luchado en oración? MUCHAS
Jesús en medio de ese huerto sostuvo
una lucha muy fuerte en oración.
Lucas 22:43-44 Y se le apareció un ángel del
cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su
sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.
Tan grande era la agonía del Maestro
que su oración se torno una lucha contra todo lo que a su alrededor estaba
dándose. El Padre había enviado un ángel para que le fortaleciera y esto fue
para que él pudiera soportar la lucha espiritual que estaba sosteniendo.
Era una oración muy intensa la que
estaba elevando Jesús, y esta oración lo desgasto tanto que su sudor era como
sangre.
Físicamente es posible, ya que ha
habido casos en los que personas con cuerpos muy debilitados han sudado sangre…
Han sucedido casos en los cuales, debido a una intensa presión mental, los
poros se dilatan tanto que la sangre puede salir de ellos; de manera que se
cree que es un sudor sangriento.
La oración que Jesús elevo en ese
jardín fue tan desgastante que sus poros estaban tan dilatados que su sudor se tornó
carmesí. Esto nos lleva a pensar que Jesús sufrió por doble el peso de los
pecados de la humanidad.
Probablemente no hemos llegado a este
nivel donde la lucha que sostenemos es tan grande que hasta sudemos sangre;
pero si es verdad que nos hemos desgastado orando, cuando sentimos que no
podemos más.
Pero de algo podemos estar seguros, y
es que al igual que el Padre hizo con su Hijo, así hace Jesús con nosotros, nos
envía una palabra de aliento, una persona que nos ayude a orar para que son
sintamos fortalecidos en medio de la prueba. Lo que Jesús quiere que sepamos
es que no estamos solos.
Jesús tuvo que experimentar la
soledad y falta de apoyo de sus mismos discípulos, para saber que, en estos
momentos de dolor, aunque haya personas que nos abandones, Dios nunca lo hará.
Las dos veces que Jesús se tomo un
tiempo para ir a sus discípulos, los encontró durmiendo… no es así como nos
pasa muchas veces a nosotros, que en medio de los problemas, ¿cuándo esperamos
contar con el apoyo de la familia, los amigos y algunos hermanos de la iglesia,
estos nos dan la espalda?
Debemos entender algo; habrá pruebas
donde la soledad, aunque dolorosa al principio, se volverá el medio que Dios
utilizará para mostrarnos una mayor dependencia de ÉL.
Podemos pedir ayuda, consejo y
oración; lo cual esta bien… pero lo que Dios espera de nosotros es una mayor
dependencia de Él, que nuestra comunión sea personal e intima ya que eso nos
llevara a crecer en lo espiritual.
III.
UN CONSUELO ESPECIAL
Y UNA VICTORIA DECISIVA
Juan 17:25-26 Padre justo, el mundo no te ha
conocido, pero yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Y
les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con
que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.
Esta es una pequeña porción de la
oración que Jesús elevo en ese huerto. Su oración no solo fue una suplica por
ser liberado de la copa que tenía beber; su oración también fue intercesora
por sus discípulos, pero también por los que le íbamos a conocer un día.
Jesús sabia que su dolor y
sufrimiento se convertirían en gozo y victoria.
Las pruebas mas dolorosas y fuertes,
el día de mañana se convertirán en testimonios grandes y llenos de gracias para
con Dios.
Salmos 30:5 Porque un momento será su ira,
Pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, Y a la mañana
vendrá la alegría.
Las pruebas no son eternas, la oscuridad
en nuestras vidas tiene un final… la alegría viene juntamente con el favor de
Dios para con los que incesantemente le buscan de todo corazón.
En el Getsemaní, la prueba del
maestro apenas era el comienzo. Pero esa noche Jesús venció en oración el temor,
la angustia, la tentación, otorgándole a sus discípulos a todos los que
creyesen en Él la vida eterna, el perdón de pecados, la victoria sobre Satanás
y la muerte.
Debemos que tener la convicción de
que toda prueba que estemos viviendo tendrá su final. Que, tras el dolor de
este momento, vendrá la alegría de la victoria en Cristo. Solo mantengámonos
firmes, constantes, ¡¡¡creyendo en Cristo SIEMPRE!!!
CONCLUSION
Tras su oración y victoria, vino un
golpe de traición. Judas se acerco a él para besarlo y entregarlo a sus
enemigos.
v.46 Levantaos, vamos; ved, se acerca
el que me entrega.
Muchas veces, estaremos orando y
clamando… y tras la prueba que estamos viviendo, vendrá otra y otra… esto tiene
como fin desanimarnos, y hacernos dudar de las promesas que Dios nos ha dado.
Pero sigamos el ejemplo de Jesús,
quien ante la traición se mantuvo firme y estable… confiando en lo que en
oración había recibido de parte del Padre.
No olvidemos que todo lo que nos haga
dudar de las promesas de Dios debe ser reprendido…
Santiago 1:6-7 Pero pida con fe, no dudando nada;
porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el
viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que
recibirá cosa alguna del Señor.
Mantengamos firmes en nuestro
Getsemaní.
Las pruebas nos podrán apretar y
podemos sentir que nuestra alma agoniza… pero no dejemos de orar, no dejemos de
creer, no dejemos que nuestro corazón se contamine de incredulidad… seamos
firmes y constantes en la profesión que hemos adquirido. Y entonces veremos la
respuesta.
Porque a la menor duda, estaremos
dilatando el tiempo de prueba. No podemos ser como las olas del mar, que son
movidas por los vientos. Si las palabras que oímos no nos aportan fe, entonces
desechémoslas, si lo que vemos u oímos no glorifica a Dios y me ayuda a
perseverar entonces desechémoslo.
El inicio de la victoria de Cristo se
dio en la oración que en medio de la prensa u opresión espiritual que estaba
viviendo en el huerto.
El inicio de nuestra victoria la
obtendremos cuando doblemos no nuestras rodillas, sino nuestros corazones ante
Dios y nos rindamos completamente a Él.
La pasión de Cristo tuvo su fruto: la
victoria sobre las potestades de las tinieblas.
¿Cuál será el fruto de nuestras
pruebas?
Recordemos que cuando estemos en el
Getsemaní… podremos estar solos, físicamente hablando, podremos sentir la
muerte a nuestro alrededor… pero la oración y la comunión que sostengamos con
nuestro Creador, nos sacara adelante y en victoria.

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