¿Qué causa nuestra caida?

 


¿QUÉ CAUSA NUESTRA CAIDA?

Mateo 26:69-75

 

Predicado por: Hna. Cory                                                                                                                            Fecha: 24 de Enero de 2023

 

INTRODUCCION

¿Cuántas veces hemos hablado de otros cristianos o de nosotros mismos bajo la frase “se cayó del evangelio” o “me caí del evangelio”?

Hay muchas frases o palabas que se han hecho populares dentro del lenguaje cristiano y una de ellas es caerse del evangelio, con la cual esperamos dar a conocer que alguien o nosotros mismos nos hemos alejado de la presencia de Dios.

Debemos considerar que este tipo de “caídas”, no son sorpresivas ni repentinas… siempre hay un comportamiento previo que da muestras e indicios de lo que muy seguramente será inevitable y esto es dicha caída.

Veamos el contexto de lo que está sucediendo en este pasaje.

Tras la traición de Judas, Jesús es arrestado en el huerto de Getsemaní a manos de los guardias de los sacerdotes; sus discípulos huyen asustados ante lo que está sucediendo y en medio de esa revuelta Pedro trata con sus fuerzas de defender al Maestro hiriendo a uno de esos soldados, a quien después Jesús sana de esa herida. Lastimosamente ningún esfuerzo humano sirvió y Jesús es llevado preso ante las autoridades religiosas y civiles.

Tras esto vemos a Pedro tratar de darle un seguimiento al proceso de Jesús, pero una criada se dio cuenta de que él era uno de los discípulos de Jesús y después de acusarle directamente, lo siguió por el patio del sumo sacerdote diciéndoselo también a todos los demás.

De repente, aquella mujer había puesto al apóstol en graves problemas. Las acusaciones le llovían por todos los lados. ¡Aquello era suficiente como para poner nervioso a cualquiera! Y Pedro no fue inmune a ello.

Parece que en ese momento el terror se apoderó de él, y al verse encerrado cedió cobardemente ante las preguntas de aquella criada curiosa. Ahora vemos al valiente y arrojado Pedro, el del corazón amante y la voluntad presta, negando a su Maestro con juramentos, diciendo que no conocía a Jesús, e invocando todo tipo de maldiciones sobre sí mismo si no decía la verdad.

Nayib Bukele dijo: “Cómo cambia la personalidad de un hombre, cuando cae en la desesperación.”

Esto mismo le sucedió a Pedro; quien ante la presión de la gente y el temor de ser capturado al igual que Jesús, cedió desesperadamente, negando al Maestro. Cumpliéndose así la palabra dicha por Jesús.

Esto nos enseña algo: No deberíamos estar en lugares donde muy seguramente podemos caer en la tentación de decir o hacer cosas que no debemos…

Los otros discípulos huyeron de la escena, ellos no son mejores que Pedro, ni este es mejor que ellos solo por haber seguido de lejos a Jesús… Pedro estaba en un lugar y en una situación para lo cual no estaba preparado.

Preguntémonos algo: ¿Dónde había quedado aquella fidelidad hasta la muerte que había prometido a Jesús y de la que alardeaba delante del resto de los apóstoles? En un momento se desmoronó y negó al Señor, sin que para ello fuera necesario un interrogatorio bajo las más crueles torturas, sino tan solo las preguntas de una criada.

Esto nos muestra que ninguna persona por muy espiritual que trate de aparentar o muy cristiana que esta parezca, está fuera de la presión del mundo y del pecado, que juntos buscan tentar al creyente para caer de la verdad. Muchas veces no son las grandes pruebas de la vida las que nos hacen tambalear de la verdad, sino las pequeñas zorras o tentaciones que nos seducen.

Haciendo un paréntesis… Debemos aclarar que caerse del evangelio no es precisamente por culpa de la incredulidad. No, ya que hay casos, donde las personas que han caído, siguen creyendo en Jesús (aunque al igual que Pedro, de forma indirecta o de lejos), estas personas se escudan tras frases como que es por el pastor o líder o por los hermanos que ya no seguirán. Siempre es más fácil culpar a otros. (tener una excusa). Y ese pensamiento queda obsoleto cuando Dios muestra el porqué de su caída. Siempre hay hechos post caída que demuestran que no es por culpa de otras personas, sino más bien por lo que en el corazón del ser humano hay y esto es engaño, perversidad, pecado y concupiscencia.

Ahora bien, no vamos a negar tampoco, que hay ocasiones donde muchos han caído porque hay otras personas que les lastiman o abusan de ellos en las congregaciones. Pero no podemos echar toda la culpa a esto, ya que cada uno debe cuidar de su propio corazón, debemos buscar la ayuda correcta (ya que no todos son malos) para poder sobrellevar esos ataques y principalmente buscar a Dios para que le consuele y fortalezca, mientras trata con estas personas que le están causando daño… Fin del paréntesis.

En el caso de Pedro su caída externa fue en ese momento ante esa mujer… sin embargo su caída interna comenzó mucho antes de ese momento.

I.                 LAS CAUSAS DE LA CAIDA

 

a.     SU GRAN AUTOCONFIANZA Mateo 26:31-35

Que Jesús les expresare lo que les acontecería esa noche en cuanto al escándalo que sentirían, no era para avergonzarlos, sino más bien para mostrarles que a pesar de lo que se estaba moviendo en su contra a su alrededor Él seguía teniendo el control de todo.

Pero vemos las palabras de Pedro: “Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré” v.33, Jesús no se equivocaría al decirle a Pedro que le negaría 3 veces, pero la autoconfianza del discípulo era grande y se lo deja saber con esas palabras.

Las intenciones de Pedro eran buenas, talvez trataba de dar animo a Jesús en cuanto a que no estaría solo en esa prueba que viviría, pero el Maestro sabía que la realidad seria otra.

Jesús sabía que Pedro fracasaría en lo que él consideraba ser su área fuerte: valor y audacia. A través de esta solemne advertencia, Jesús le dio a Pedro la oportunidad de prestar atención y considerar su propia debilidad.

Muchas veces podemos creer ser fuertes en ciertas áreas, pero siempre habrá pruebas que nos demostraran lo contrario, esto no lo hace Dios con el fin de avergonzarnos o derrotarnos, sino más bien para que consideremos nuestra verdadera naturaleza, frágil, débil y dependiente de una fuerza superior, en este caso sería de Dios…

Pensemos un momento: Jesús se lo dijo tan claramente a Pedro. “Pedro, se te hará tropezar. Me abandonarás a mí, tu Maestro. Lo harás esta misma noche, antes de que el gallo cante. Negarás cualquier asociación conmigo, o incluso que me conoces. Y no solo lo harás una vez; lo harás tres veces”.

¿A caso esta advertencia no era lo suficiente como para que Pedro no confiara en su propia fuerza, sino que dependiera de Dios? La respuesta es SI, sin embargo, Pedro hizo oídos sordos a esto.

Fue una oportunidad que Pedro no aprovechó. En cambio, dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré, Jesús conocía a Pedro mucho mejor de lo que Pedro se conocía a sí mismo, y al sobreestimarse a sí mismo, Pedro estaba listo para una caída.

¿Cuántas veces hemos oídos palabras de alerta o de advertencia de parte de Dios y la hemos subestimado o hemos hecho oídos sordos a la misma?

Esto nos enseña que no debemos confiar en nuestras propias capacidades o en nuestras fuerzas, ya que estas tienen un límite… la idea de Jesús ante esas palabras era que Pedro se diera cuenta de su fragilidad y pidiera ayuda para soportar la tentación, el objetivo era que Pedro desarrollara una dependencia de Dios no de él mismo.

El resto de los discípulos también sobreestimaron su propia fuerza y no confiaron en el Señor en la hora crítica: “Y todos los discípulos dijeron lo mismov.35b

Jeremías 17:5 (TLA) Yo, el Dios de Israel, declaro: “¡Maldito quien confía en los demás! ¡Maldito quien confía en sí mismo! ¡Maldito quien se aleja de mí!

La declaración de Dios es seria en ese versículo… Dios nos da entender en Su Palabra que nos ha creado para que dependamos de ÉL y no de nuestras propias fuerzas o capacidades intelectuales.

Vemos muchos ejemplos bíblicos de hombre y mujeres que quisieron hacer las cosas por su propia cuenta y fracasaron en el intento. Mientras que vemos el éxito de muchos otros que, ante las circunstancias, los enemigos, y las pruebas antepusieron la voluntad y guía de Dios por sobre la propia y por ello fueron bendecidos.

Proverbios 26:12 ¿Has visto hombre sabio en su propia opinión? Más esperanza hay del necio que de él.

La idea del proverbista es clara, en cuanto a que es más probable cambiar la mente de una persona necia porque ignora o no conoce de la verdad, que cambiar la forma de pensar de una persona que cree que lo sabe todo.

La humildad juega un papel muy importante en cuanto a la autoconfianza; ya que generalmente una persona que confía en si misma es altanera, arrogante y de mente cerrada. Mientras que confiar en Dios es personas humildes de corazón y mente.

Proverbios 28:26 El que confía en su propio corazón es un necio, pero el que anda con sabiduría será librado.

Pedro lastimosamente era una persona orgullosa y un poco arrogante, confiaba en su fuerza humana, en lo que con astucia y sagacidad podría conseguir… pero Jesús le desarmo al declararle que ante lo que viviría ni su fuerza, ni su astucia le librarían de negar su relación con Él.

El consejo siempre es confiar en Dios…

Proverbios 3:26 Porque Jehová será tu confianza, Y él preservará tu pie de quedar preso.

 

b.     NO PREPARARNOS EN LO ESPIRITUAL PARA LO POR VENIR Mateo 26:40-41

Cuando Jesús los llevo al Getsemaní, no fue solo para que le apoyaran en oración ante la prueba que venía para su vida… también era para que ellos se prepararan espiritualmente para dicha prueba.

Cuando se está con alguien espiritual, compartiendo la misma misión, visión y propósito, es casi imposible no pasar o vivir con esas personas las luchas y pruebas que esta vida.

Los discípulos estaban ligados a Jesús, puesto que compartían con Él la misión de compartir el evangelio, llevar libertad y sanidad a quienes lo necesitaran. Por tanto, era natural que también vivieran con él su sufrimiento y dolor. Jesús sabia esto y por eso les anunció:

Marcos 10:38-39 Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Ellos dijeron: Podemos. Jesús les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados

Jesús les estaba diciendo que ellos también padecerían sufrimiento, persecución, rechazo, etc., así como a Él le había tocado. Es por ello que siempre les invitaba a estar preparados, a depender y confiar en el Padre y Él mismo.

Así como Jesús oraba intensamente preparándose para lo que le venía, así pensaba Él que los discípulos debían prepararse para ese mismo momento, bien podríamos decir que Jesús ya había visto lo que sucedería con los discípulos y con Pedro una vez que los guardias pusieran sus manos en Él. Que Pedro sacara espada no sería extraño para el Maestro.

Lucas 22:38 Entonces ellos dijeron: Señor, aquí hay dos espadas. Y él les dijo: Basta.

Jesús les estaba hablando de lo que a futuro tendrían que vivir, les hablaba de la espada espiritual que es la Palabra que les ayudaría a vencer toda prueba o todo estorbo, pero ellos creían que hablaba de armas físicas, por eso dieron esa respuesta… dando a entender que no solo Pedro andaba armado con espadas, es por esto que Jesús les reprende y les dice “Basta” porque ellos aun seguían sin entender las palabras espirituales que Jesús hablaba.

Pedro recibió una advertencia personalizada, la cual también ignoro.

Lucas 22:31-32 Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.

La fe no iba a faltar en Pedro, y probablemente esta era la que lo motivo a seguir de lejos al Maestro cuando este fue capturado. Sin embargo, la zaranda estaba puesta para él, y su caída era muy evidente para Jesús, más dudosa para Pedro que confiaba en que podría salvar y ayudar a Jesús a huir.

Jesús le dio otra oportunidad a Pedro y a los demás discípulos de prepararse espiritualmente… v.41 “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.”

Nuestra parte espiritual siempre está a la disposición de conectarse con Su Creador, pero la carne siempre será le será obstáculo para tal fin… es por eso que a través de la oración debían someter la carne para que su espiritualidad surgiera y estuvieran preparados para lo que les vendría.

La prueba de la captura de Jesús no solo era para Él, también era para los discípulos, en especial para Pedro que era quien iba a sobresalirse y actuar carnalmente e impulsivamente.

No podemos criticar las acciones de Pedro ni la de los discípulos, ellos actuaron como creyeron según sus propios pensamientos que era mejor actuar. Cuantas veces nosotros no hemos actuado según nuestra carne y no según el Espíritu. Y esto por no prepararnos con anticipación.

Ciertamente el consejo de Jesús sigue teniendo valor y eco en las vidas de los creyentes, porque debemos mantenernos velando y orando en el Espíritu, porque ignoramos en qué momento la tentación o la prueba pueden venir a nuestras vidas.

 

II.               EL RESULTADO DE LA CAIDA

 

a.     APARTARSE, MALDECIR Y NEGAR TODA RELACIÓN INTIMA Y DIRECTA CON DIOS Mateo 26:70-73

Cuando una persona cae espiritualmente hablando, su evidencia más notable de ello es cuando se aparta de toda actividad espiritual, congregacional o de asociación con otros creyentes.

Pero esa es la evidencia externa y visible de la caída espiritual, pero como hemos visto, no es algo que se de en ese momento, esa caída fue dándose paulatinamente.

Todo puede comenzar con un mal entendido, con algo que según nuestra carne no nos gustó, con la autoconfianza, con la falta de búsqueda espiritual, con la falta de comunión con Dios, con la falta de amor a Dios y a los demás, etc., esto solo es una pequeña raíz que brota dando su fruto cuando ya la persona no quiere congregarse, cuando ya todo lo que escucha lo toma a mal, cuando ya no quiere servir, cuando ya ni en lo privado encuentra la presencia de Dios, etc.

En el caso de Pedro, su caída visible fue cuando se apartó de los demás discípulos y decidido de lejos seguir a Jesús… la falta de preparación espiritual se evidenció cuando producto de la presión de la gente, él decidió negar su comunión con Jesús.

El pecado de Pedro de negar su asociación con Jesús empeoró con cada negación. Primero, mintió; después mintió con un juramento; después comenzó a maldecir, y a jurar.

Y esto es lo que pasa cuando caemos, lejos de buscar una ayuda que nos brinde una salida o un retorno a la comunión, nos vamos hundiendo más y más en la auto conmiseración y lastima… lo que posterior termina en una raíz de amargura en contra de Dios y de las personas de la congregación.

Debemos entender que la caída es progresiva, y lo que busca es dejarnos expuestos a las manos del enemigo, para que este nos termine de apartar de Dios de una vez y para siempre.

Ante la desesperación Pedro “comenzó a maldecir” (v.74). Esto nos enseña que invocar maldiciones sobre sí mismo, mostrar irritación y desesperación; son una señal visible de que perdió el control por completo de sus acciones.

No necesitamos oír maldiciones iguales a las de Pedro. Pero oír comentarios como: “En esa iglesia no está Dios”, “Dios no es quien habla”, “por Satanás es que se hacen las cosas”, “los pastores andan en la carne”, etc., son expresiones igual de graves ante los ojos de Dios.

·       Cuando caemos de la verdad y la perseverancia en el evangelio, es fácil ir a lugares en los que claramente no debemos estar y menos si no estamos preparados para ello.

Pedro no debía estar en el patio de la casa de los sacerdotes, su intención parecía buena, deseaba saber de primera mano lo que le acontecía a su Maestro, pero no estaba preparado para estar ahí. Su accionar en el huerto dejaba claro que emocionalmente no tenía el aguante para todo lo que estaba aconteciendo. Y menos debía estar ahí solo.

Cuando se cae, generalmente las personas buscan los lugares en los que puedan pasar desapercibidos de que alguna vez fueron cristianos, porque no quieren ser cuestionados de lo que hacían antes.

De manera general:

No deberíamos ir a lugares donde la presión puede ser muy fuerte sino estamos preparados para ello, y menos ir solos.

No nos juntemos con personas que pueden sacar lo peor de nosotros.

Salmos 1:1 Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado.

Si deseamos ser bendecidos sepamos donde andamos y con quienes andamos, porque la presión del enemigo y del mundo es muy grande y muchas veces no estamos aptos para soportar.

Pensemos en Pedro… ¿Qué sentimientos agitaban el alma del apóstol en estos momentos? Seguramente tendría amargos remordimientos que le atormentaban pensando en lo que acababa de hacer.

¿Cómo podía haber negado al Señor después de todo lo que había hecho por él?, ¿Cómo había correspondido de esta forma al amor y la amistad de las que tantas veces Cristo le había hecho partícipe? Seguro que también recordó que el Señor se lo había advertido anteriormente y que él no había querido hacerle caso. Y hasta tal vez se le pasó por la cabeza lo que los demás discípulos dirían de él, después de que unas horas antes se había mostrado tan autosuficiente, creyéndose superior a todos ellos.

Esto fue una humillación muy dolorosa, pero totalmente necesaria, puesto que no había querido tener en cuenta la palabra del Señor. Y siempre que no queremos hacer caso a lo que el Señor nos dice, finalmente él nos deja a nuestros propios recursos hasta que nuestra confianza carnal es abatida hasta el polvo.

Cuando no hacemos caso a Dios, Él nos deja a nuestras anchas para que luego que somos abatidos nos demos cuenta que actuamos mal y podamos así arrepentirnos y pedir Su ayuda.

Notemos algo que sucedió entre Pedro y Jesús después que el gallo canto.

Lucas 22:61-62 Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.

Cuando los demás evangelios nos cuentan el lloro amargo de Pedro luego que el gallo canta, no es precisamente solo porque recordó la palabra dada por Jesús, sino también debemos considerar la mirada de Jesús hacia Pedro.

Una sola mirada pudo penetrar en el corazón de este hombre, haciéndole recordar toda la palabra que había desechado… esa mirada le recordaba a Pedro su naturaleza y le brindaba la oportunidad de arrepentirse.

Debemos apreciar algo muy positivo: el arrepentimiento de Pedro fue muy rápido. Lucas nos dice que en ese momento "saliendo afuera, lloró amargamente" (v.62). No nos cabe duda de que cada una de sus lágrimas eran evidencia de un arrepentimiento genuino y real. Debemos tomar esto en consideración, sobre todo en una época como la nuestra, cuando las personas que dicen arrepentirse, apenas y entienden la seriedad del pecado ya que ni sienten dolor por ello.

Es difícil evitar que una persona que caiga del evangelio, porque desconocemos por qué sucedió, pero lo que si podemos hacer es conducir a esta persona a que su mirada se centre en Cristo para que recuerde toda la palabra que un día pudo haber recibido y así su corazón se arrepienta y vuelva a Él.

Isaías 45:22 Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.

 No fue casualidad que las miradas de Pedro y Jesús coincidieran en ese momento… por tanto contemplar a Cristo siempre traerá salvación, humillación y perdón al alma necesitada.

 

CONCLUSION

Muchas veces hemos oído de la negación de Pedro y le criticamos, pensando que nosotros seriamos mejores que él, pero la realidad es que no…

No necesitamos irnos físicamente de una iglesia para negar a Cristo, o caernos de Su evangelio.

Desde el momento que pensamos que somos suficientes o dejamos de confiar en Dios estamos negando a Cristo y estamos cayendo lentamente de la verdad.

No prepararnos en oración, ayuno, lectura, etc. también es una forma de caer… puesto que estamos despreciando la Palabra de Dios y sus advertencias hacia los peligros físicos y espirítales que aguardan por nosotros.

Si no nos mantenemos alertas, velando y orando, seremos presa fácil de la frialdad espiritual, del enemigo, de la carne y del mundo…

Los consejos de Cristo siguen están tan vigentes hoy como lo estuvieron el día que salieron de sus labios.

Mateo 26:41 Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

Lo que a Pedro le sucedió nos puede suceder a nosotros, de muchas y distintas maneras… la clave es permanecer en la verdad, confiar en esa verdad y vivir bajo esa verdad, la cual es Cristo.

Siempre hay oportunidades.

Pedro la tuvo, esa mirada lo condujo a un arrepentimiento genuino, cumpliéndose así la misma palabra donde estaba la profecía de la negación… la parte que dice “una vez vuelto confirma a tus hermanos” (Lucas 22:32) … Jesús sabía que su amigo Pedro volvería a levantarse.

Fue necesaria una confrontación para ello, no porque Jesús dudara de Pedro, sino porque era necesario que él se diera cuenta que ya no podía seguir comportándose igual.

Juan 21:15-17 Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.

Cuando Jesús le pregunta por tercera vez lo mismo, Pedro recordó las tres veces que le había negado… y entendió que su forma de actuar debía cambiar de una vez por todas… ese arrepentimiento debía mostrarse con un cambio de actitud, pensamiento y sentimiento.

Ahora ya no sería el hombre autosuficiente, atenido e impulsivo… ahora el nuevo Pedro demostraría con hechos lo que por carne tuvo que vivir.


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